La Dra. Viviana Pérez, graduada de Medicina en la Fundación Barceló y directora del Hospital de la Madre y el Niño, en La Rioja, lo definió con una sola palabra: acompañar.
Y quizás esa palabra resume una forma de entender la profesión.
Liderar no siempre significa dirigir un servicio o coordinar un equipo, muchas veces significa estar presente para un paciente en un momento difícil, escuchar a un compañero, contener a quien recién comienza o impulsar pequeños cambios que mejoren el trabajo cotidiano. Son gestos que rara vez aparecen en un currículum, pero que dejan una huella profunda en las personas.
A lo largo de la conversación aparecieron otros conceptos que terminaron dando forma a esa idea de liderazgo: calidad, calidez y escucha.
La calidad técnica es indispensable en cualquier profesional de la salud. Pero cuando esa calidad se combina con la calidez humana y con una escucha genuina, la atención adquiere un valor mucho mayor. Lo mismo ocurre dentro de los equipos: escuchar, confiar y acompañar no solo fortalece a las personas, sino que también mejora la manera en que trabajamos juntos.
¿Cómo se forma un líder?
Al preguntarle cómo había construido su perfil de liderazgo, Viviana recordó algunas experiencias anteriores a su ejercicio profesional como participar en espacios comunitarios, dar clases de catequesis, coordinar grupos y, más adelante, las prácticas durante la carrera.
Ese recorrido nos recordó algo que muchas veces pasamos por alto: el liderazgo no se aprende únicamente en un aula, en una residencia o al asumir un puesto de mayor responsabilidad; sino que también se construye en cada experiencia que nos desafía a trabajar con otros, a comunicar, a resolver conflictos, a enseñar y, sobre todo, a aprender.
El conocimiento técnico nos convierte en profesionales. La escucha, la comunicación y el acompañamiento transforman ese conocimiento en una experiencia de cuidado.
Como graduados, cada uno desarrolla ese aprendizaje desde un lugar diferente. Algunos acompañan pacientes, otros investigan, enseñan, gestionan servicios, coordinan equipos o impulsan proyectos que transforman sus comunidades. No existe un único modo de liderar, porque tampoco existe una única forma de generar impacto.
Quizás el verdadero liderazgo no esté reservado para quienes ocupan determinadas posiciones. Ta vez empiece mucho antes en la manera en que elegimos relacionarnos con las personas, en la calidad con la que hacemos nuestro trabajo y en la capacidad de acompañar el crecimiento de otros.
Porque, al final, cada profesional deja una huella, y todas esas historias merecen ser contadas.
¿Te gustaría compartir la tuya?
Y quizás esa palabra resume una forma de entender la profesión.
Liderar no siempre significa dirigir un servicio o coordinar un equipo, muchas veces significa estar presente para un paciente en un momento difícil, escuchar a un compañero, contener a quien recién comienza o impulsar pequeños cambios que mejoren el trabajo cotidiano. Son gestos que rara vez aparecen en un currículum, pero que dejan una huella profunda en las personas.
A lo largo de la conversación aparecieron otros conceptos que terminaron dando forma a esa idea de liderazgo: calidad, calidez y escucha.
La calidad técnica es indispensable en cualquier profesional de la salud. Pero cuando esa calidad se combina con la calidez humana y con una escucha genuina, la atención adquiere un valor mucho mayor. Lo mismo ocurre dentro de los equipos: escuchar, confiar y acompañar no solo fortalece a las personas, sino que también mejora la manera en que trabajamos juntos.
¿Cómo se forma un líder?
Al preguntarle cómo había construido su perfil de liderazgo, Viviana recordó algunas experiencias anteriores a su ejercicio profesional como participar en espacios comunitarios, dar clases de catequesis, coordinar grupos y, más adelante, las prácticas durante la carrera.
Ese recorrido nos recordó algo que muchas veces pasamos por alto: el liderazgo no se aprende únicamente en un aula, en una residencia o al asumir un puesto de mayor responsabilidad; sino que también se construye en cada experiencia que nos desafía a trabajar con otros, a comunicar, a resolver conflictos, a enseñar y, sobre todo, a aprender.
El conocimiento técnico nos convierte en profesionales. La escucha, la comunicación y el acompañamiento transforman ese conocimiento en una experiencia de cuidado.
Como graduados, cada uno desarrolla ese aprendizaje desde un lugar diferente. Algunos acompañan pacientes, otros investigan, enseñan, gestionan servicios, coordinan equipos o impulsan proyectos que transforman sus comunidades. No existe un único modo de liderar, porque tampoco existe una única forma de generar impacto.
Quizás el verdadero liderazgo no esté reservado para quienes ocupan determinadas posiciones. Ta vez empiece mucho antes en la manera en que elegimos relacionarnos con las personas, en la calidad con la que hacemos nuestro trabajo y en la capacidad de acompañar el crecimiento de otros.
Porque, al final, cada profesional deja una huella, y todas esas historias merecen ser contadas.
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Conferencia Liderazgo médico: aprender, decidir y cuidar - Feria del Libro 2026



