11 de mayo de 2026Todas las sedes

El descanso en tiempos de hiperconectividad

Institucional
El descanso en tiempos de hiperconectividad

Por la Lic. Marianela Simone

Reflexionar sobre el tema del descanso en la época actual, podría llevarnos inmediatamente a pensar en la noche; ya que al menos para algunos sujetos, es el espacio para el sueño.

La noche es aquel momento del día donde se nos presenta un tiempo particular: el de concluir. Concluir tareas y dar inicio al repliegue sobre uno mismo, que permita retirar poco a poco la energía con la que investimos el mundo cotidianamente.

No obstante, se podría decir que cada sujeto entabla una relación singular con la noche. Hay quienes esperan ansiosamente su llegada para retirarse al descanso y quienes recién a la noche se despiertan al mundo. Para otros, puede llegar con ciertas dificultades y/o desafíos: conciliar el sueño, habitar pesadillas y terrores nocturnos.

Por lo tanto, disponerse al descanso no implica una cuestión sencilla. Dormir no es una función natural. “Aprendemos” a dormir desde niños. Y para que el dormir sea posible tiene que haber un sostén material, hay que estar apoyados contra algo. El primer sostén son los brazos de la madre que acompañan, acunan, arrullan. Luego, esta función va adquiriendo independencia progresiva.

En la era de la posmodernidad, resulta interesante poder pensar las “nuevas” condiciones en las que el descanso podría ocurrir, ya que también hay un empuje desde lo social y cultural hacia un movimiento de hiperconectividad. Esta alude a la utilización constante de dispositivos tecnológicos, redes, plataformas digitales, herramientas colaborativas y datos en la vida cotidiana y el entorno laboral.

El crecimiento del teletrabajo y la transformación digital han llevado a un aumento sin precedentes de la hiperconectividad. Y si bien ha permitido optimizar tiempos y facilitar la comunicación, también ha generado numerosos obstáculos y desafíos. La capacidad de “estar en línea” asistiendo a la “viralización” de contenidos diversos y mensajes sin autores claros, ha producido la imperiosa necesidad de repensar prácticas que tengan en cuenta la vulnerabilidad de ciertas poblaciones (niños y adolescentes, por ejemplo) frente a lo que “consumen” a través de internet, los efectos negativos en la salud en general (insomnio, problemas en la visión, ansiedad, entre otros) y hasta la categorización de nuevas problemáticas en salud mental que han llevado a muchos autores a teorizar sobre las llamadas “adicciones sin sustancia” para dar cuenta de la dependencia que la hiperconectividad puede generar en las personas (compras compulsivas, apuestas en casinos virtuales y juegos en red, por citar algunos ejemplos).

Además, algunos estudios realizados dentro de la comunidad científica del campo de la salud indican que la luz azul que emiten las pantallas genera un efecto directo en la segregación de una hormona natural, la melatonina, que regula el ritmo circadiano; es decir aquel ciclo que interviene en las funciones de sueño y vigilia, retrasando cada vez más el descanso debido a la sobreestimulación de ciertas partes del cerebro. Por lo tanto, algunas hipótesis permitirían indicar que muchas afecciones mentales comienzan por trastornos del sueño. Y no es casual que el insomnio sea uno de los síntomas que más se “automedica”; desde psicofármacos hasta remedios naturales y caseros, o simplemente mirar televisión o el celular hasta quedar profundamente dormidos.

Frente a este contexto, algunas preguntas se imponen: ¿”celular sí” o “celular no”, antes de dormir?, ¿cómo regular el uso de dispositivos en la vida cotidiana?, ¿qué hacer para promover un descanso más saludable? Puesto que algunas veces descansar no descansa.
Descansar no implica no hacer nada; ya que incluso el no hacer nada a veces resulta agotador. Dormir no siempre es la mejor respuesta frente al cansancio. Quizás el mejor descanso sea entonces hacer algo que le permita al cuerpo algún tipo de autorregulación: la lectura, un plan improvisado con amigos, un paseo en bicicleta, cocinar algo para otros, o incluso regresar a casa después de un día de trabajo agotador por un camino nuevo.

Quizás, lo que descanse sea hacer algo distinto a lo que ya nos cansó.

Lic. Marianela Simone (graduada en Psicología sede La Rioja)