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"¿De dónde vienen las estadísticas argentinas en salud?" Por el Dr. Hugo E. Arce

Un análisis de las estadísticas argentinas en Salud realizada por el Dr. Hugo E. Arce, Médico sanitarista y miembro del Grupo PAIS

Posteado el 14/11/2017
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  • Con frecuencia se dan a conocer por medios periodísticos, datos sobre la prevalencia de determinadas enfermedades o el incremento estadístico de la mortalidad por ciertas causas. La difusión de esta información puede hacer pensar que contamos con un monitoreo global de la evolución de las enfermedades, donde se registran datos de las patologías encontradas en todos los servicios del país. Pero en la Argentina los datos sobre causas de muerte (morbilidad) sólo se originan en servicios públicos, del resto de la población sólo conocemos cantidad de muertes (mortalidad).

    Un conjunto de eventos al que denominamos “estadísticas vitales” —mortalidad infantil, mortalidad general, natalidad, mortalidad materna, fecundidad—, provienen mayoritariamente de organismos de naturaleza jurídica, destinados a registrar la situación demográfica de la población (Registros Civiles), pero no de archivos específicos de información sanitaria. En las defunciones ocurridas fuera de internación, los encargados del servicio fúnebre suelen ocuparse de completar el Certificado de Defunción, consignando las causas principales y secundarias como un mero requisito administrativo, con el texto “paro cardio-respiratorio no traumático”, que no representa las reales causas clínicas. Esta misma fórmula se reproduce habitualmente, cuando el fallecimiento ocurre en un nosocomio privado. En zonas de aislamiento geográfico y en poblaciones socialmente vulnerables, es frecuente que exista subregistro de estos eventos. Cuando las circunstancias de la muerte determinan la intervención de autoridades policiales o de seguridad (vía pública), o cuando el deceso es un hallazgo sorpresivo calificado como “muerte dudosa”, será el informe de los profesionales forenses y de la autopsia, los que aporten los datos sobre las causas de la muerte. Esta información es derivada a registros civiles.

    Por otra parte, fuera de las alternativas señaladas, si la defunción ocurre dentro de un establecimiento público, las causas principales y secundarias tendrán la consistencia de los datos clínicos, consignados en la historia clínica o el informe de hospitalización. Sólo en estos casos podrán encontrarse causas de mortalidad, estadísticamente confiables. Lo mismo ocurre con los datos de morbilidad que alimentan el Programa Nacional de Estadísticas de Salud, donde la información clínica se codifica mediante la Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE-10) de la OMS. Esta parte de la información estadística, sólo contiene datos de morbi-mortalidad recolectados en hospitales públicos, que incluyen mortalidad infantil, materna y general, con diagnósticos más consistentes, y son publicados por el Ministerio de Salud. Los establecimientos privados en general no cumplen con los registros estadísticos, ni con las enfermedades de denuncia obligatoria, salvo en situaciones que las autoridades sanitarias califican de gravedad epidémica, como en los casos de paludismo, poliomielitis, gripe A, SIDA-VIH, y las más recientes transmitidas por el mosquito Aedes aegypti. Tampoco cumplen con estas obligaciones estadísticas las Obras Sociales y la Medicina Prepaga. Pero en el funcionamiento global del Sistema de Salud, los servicios públicos representan sólo un estimado 40% de la actividad asistencial. Sin embargo, la información proveniente de estos nosocomios no se cruza con los nacimientos y muertes de los registros civiles. De modo que cuando se habla de cambios en la prevalencia de ciertas enfermedades, los datos son parcialmente representativos, porque sólo provienen de establecimientos públicos.

    A menudo las organizaciones científicas fundamentan sus observaciones en estadísticas publicadas en revistas internacionales, que provienen de países dotados de bases de datos que integran información de la totalidad del sistema.

    Es técnicamente válido, ante la ausencia de información con- sistente local, recurrir a los datos de otras sociedades culturalmente similares a la nuestra, para inferir (extrapolar) una estimación de lo que ocurre en el país, comparándolo con datos oficiales derivados de servicios públicos. Pero deberá tenerse en cuenta que la población usuaria de esos servicios es socialmente más vulnerable, ya que habitualmente carece de toda cobertura social. No ocurre lo mismo con el resto de la población que, si dispone de alguna cobertura, prefiere acudir a servicios privados. Incluso los empleados de los hospitales públicos, cuando requieren atención como pacientes: prefieren sanatorios privados.

    En el mes de agosto, el newsletter del Ministerio de Salud —Consenso Salud (Nº 1.586 del 18-VIII- 17)— informó sobre el estudio realizado en 2015 por la Asociación Argentina de Medicina Respiratoria (AAMR), denominado “Epoc.ar”, tendiente a estimar la prevalencia de enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC) en varios conglomerados urbanos (CABA-GBA, La Plata, Mendoza, Rosario y Córdoba).

    La EPOC es un conjunto de afecciones pulmonares que incluye bronquitis y enfisema, y el tabaquismo como causa más frecuente. Se estudió mediante espirometría domiciliaria una muestra aleatoria de 4.000 personas. Como resultado del estudio, la AAMR estima que en la Argentina hay unos 2,3 millones de personas con EPOC.

    Por su parte, según datos del Ministerio, en 2010 murieron 5.500 habitantes por EPOC. Es notable la diferencia metodológica entre ambas estimaciones.

    El Ministerio cuenta con los datos de su programa estadístico longitudinal, relevado en establecimientos públicos, con las limitaciones ya comentadas. Con esta información se construye la “sala de situación” oficial, que establece la evolución de la morbilidad en el país, y se transmite luego a informes internacionales de OPS-OMS. Por otro lado, se diseñó una muestra aleatoria, se midió la función pulmonar de los encuestados, sin discriminar que fueran usuarios de servicios públicos o privados. La diferencia es que este estudio fue realizado por especialistas en el terreno y contó con financiamiento especial, aportado por empresas del sector farmacéutico.

    Uno muestra una serie evolutiva confiable, pero sesgada. El otro es más representativo, pero sólo muestra un “corte transversal” sobre una prevalencia específica, en un momento determinado. El futuro esperable es que el país cuente con series históricas de enfermedades, que representen a la totalidad de la población.



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